miércoles, marzo 21

Veintisiete declaraciones de amor se atoraron en mis entrañas 


cuánta letra hecha polvo! cuánta caricia incinerada! cuánta desesperanza! tanta..tanta..


aturdidas en el agónico aliento alchólico y hostil de la semi noche -semi sin usted mordiéndome los muslos-


cuánto vacío! cuántos beso sin tu lengua! cuánto dolor! tanto..tanto..




Rasguños rojos, profundos, purulentos, que tuercen las venas,
manos lánguidas, una púrpura silueta a lo lejos, muy lejos...casi imperceptible 
mas, yo no puedo dejar de sentirla, torpemente, su desprecio.




Alguien que huye, que escapa, que corre


y no logra desaparecer, más grande o más pequeño, se ve


desesperado, gritando... queriendo no estar, no ser,


el mundo, los golpes de la infancia, lo convirtieron


dibujaron en su espalda el reflejo de todo lo que un día renegó


el cerebro fragmentado en imágenes que como fotografía pasan una tras otra,


estás drogado, asqueado...








Y se esucha, ténue y patético
el murmullo de unos grillos nocturnos, un murmullo voraz, que aterra
"sálvame, sálvame"




Un ruego que anheló construir un mundo aparte


-mucho más que aquello-


un nuevo universo donde no existen explosiones, ni nuevas estrellas, ni movimiento, ni tiempo


ninguna convención que agriete nuestras almas


sólo mañanas de cuerpos tibios y lágrimas azules


que nos libren del espacio entre la atmósfera y la maldita gravedad.






Tú, tú, tú!




acariciándome el cabello, arrancándome el cabello




arrojándolo a la calle, todavía tú golpeándome el vientre




orquídeas, tabaco, alcohol y sangre, todo fundido en una misma cosa que clava




Todavía , tú




violentándome, violándome....




todavía, tú.




Asesinando cada gota de amor que vivía en mi. 




Veintisiete declaraciones de amor atoradas en mis entrañas


no fueron ni serán suficientes


para llenar los espacios en blanco 


de toda futura semi noche -semi sin usted mordiéndome los muslos-.



lunes, noviembre 2

Me distraje de ese ruido de mañana de marzo
de zapatos de tacón siempre cansado, pero firme, disimulado
las hormigas acumulando municiones, tan frágiles, tan poca cosa...
Me distraje de la guata que duele al verlo todo siempre igual
y de la guata que no duele cuando nos dedicamos a esperar y anhelar y esperar...

El ruido me ha traido de vuelta
y los tacones
y las hormigas
y la guata
y la esperanza...

Y ¡vaya! cómo me extrañaban las letras
o yo a ellas.

domingo, marzo 30

Declaro no saber cómo...

Al final de cada día pondré mis certezas y certidumbres en un balde de agua fría para ahogarlas, asfixiarlas, quitarles toda lógica, razón y proporción. Desaparecer, reinventar, quizás descansar con el cerebro nebuloso y lo demás herido y estrujado. Si es que existe lo demás. Rogaré al universo ciertos días que no me deje, ciertos días que no se vaya. Mas lo haré sin fe, con el resentimiento de quien teme no ser escuchada. Será algo previo e injustificado de mi parte, para incitar la sorpresa que pudiese traerme el alba. Incitar, excitar, provocar. Intentaré no perder la práctica de llevar enfermizamente una cuenta regresiva, una imposible de concluir para evitar la angustia y acostumbrar el dolor del dolor, para no desgastar mis anhelos en metas vacías, infructuosas. Seré infinitas mujeres en una y una mujer infinita, los límites nos hacen menos vulnerables y yo debo comenzar y terminar estallando como una nueva constelación. Tendré misma voz, mismos ojos, mismas manos, pies, rodillas, muslos, caderas, pechos... mas seré nueva cada mañana. Como cada mañana. Rogaré al universo ciertos días que no me deje, ciertos días que no se vaya. Y tendré una gran sonrisa, enorme, arrogante, para no cargar con las miradas abusivas de quien ve lo que quiere ver, cuando quiere verlo. No querré ver, quizás ni siquiera querré sentir, refiriéndome a algo estrictamente sensorial. Mi desapego será tal que podré mirar a la humanidad desde fuera y perderme de vista y perderme. Lloraré unos minutos por todos nosotros, por todos ustedes. Por quiénes no escuchan, por quiénes sólo miran. Miran y no ven. Seré infinitas mujeres en una y una mujer infinita. Madre, amiga, hermana, hija... niña y anciana, más que eso, senil. Tanto así que no habrá nada que distinguir en mi... nada que concluir de mi. Rogaré al universo ciertos días que no me deje, ciertos días que no se vaya. Seré tan mezquina que terminaré por no necesitar nada de lo que tuve, o que en las remotas posibilidades, tendré. Eso no tiene ninguna importancia ya que cosas pasadas y futuras estarán acumuladas en el mismo saco debajo de mi pequeñísima almohada. Gritaré hasta perder la voz, golpearé hasta desangrarme. Seré infinitas mujeres en una y una mujer infinita. Rodeada de millones y completamente sumergida en la soledad. Nadie lo notará aunque todos murmuren y se muerdan las uñas con el festín aquel, maldeciré todas las malditas percepciones densas y negras. Todo será oscuro esa noche, todas las noches. Cuántas noches oscuras en que le rogaré al universo ciertos días que no me deje, ciertos días que no se vaya. Ni yo misma lo sabré, pues seré capaz de olvidarlo todo. Seré infinitas mujeres en una y una mujer infinita.

sábado, diciembre 8

Indefectiblemente, se va...

¿Y qué hago ahora?
cuando todas las lombrices de esta Tierra hicieron nido en mi lecho.
Mandé a la mierda toda la estructura estética del verso
despojándome desde mis profundas a mis burdas perversidades
en el, comúnmente, llamado water.

Claro, me cago en el egocéntrico lector
que se autoinfiere heridas cortopunzantes cuando ve este menjunje
hecho desde las tripas irritadas de alcohol puro
que darán tremendo espectáculo visual la mañana siguiente.

Y es que me dan ganas de no ser, porque ser es nada más que una cursilería
atropellante
que lo único sensato que deja... es, al final del día, la gana de no ser
pero no por una sensación tardía y existencialista de quinceañera
si no más bien por no ser parte del laberinto ridiculo de búsqueda
que sólo excita por el nefasto placer de cantar al final de tus días
-que són como medio segundo del tiempo del mundo-
"lo he hecho todo".

Si yo me fumé un caño
o tuve sexo sin amor
no fue más que por la imperiosa necesidad precoz de mis neuronas y hormonas
-digamos que respectiva o simultáneamente-
aún así no me provocan arrepentirme y llegar al reino de los cielos.
Lo que sí me perturba es haber hecho el ridículo
haber pintarrajeado una historia
y haberla creído perfecta
y no poder ser indiferente ante tanto dolor mío... de dentro.

Volviendo a lo superfluo...
NO, imposible,
y así es como todos los días
algo se va a la cresta.

Soy un aceituno cuezco
en las inmediaciones de la estúpida noche.

jueves, diciembre 6

Una posibilidad es que hayas nacido con mi palabra
con mi primer respiro
o que yo haya deseado tan fuerte que fueras el dueño de mi último aliento
que alguna cuerda tuya se haya atado en mi lengua.


Cuando todas las notas suenan y bailan, dibujándote
es un perpetuo cuando
un silente dónde
se tropieza en mis comisuras una lágrima azul

anunciándome

que todo vuelve a comenzar, que el infinito ya se superó a sí mismo
para seguir el ciclo de repasarte... y repasarte.

Juro haberte esperado, tantos tantos días
hasta cambié la piel
y el color.. de blanco a ocre, de rojo a ocre, de azul... a ocre.

Más de siete millones de pasos con tempestades
para dejar de sentir tus torpes vibraciones
y todo resultó en vano.

No son suficientes, años y kilómetros, veredas, calles, sangre y ataúdes
para convencerme
para resignarme
para callarme a rasguños de la boca tu nombre...

Acá, en mi seco jardín
en mi marchitado andar
en mi ténue reir...

Te espero,
te juro, mi vida, que te espero.

sábado, agosto 18

Moraleja: Dádle al cuerpo las carencias del alma.

Se derriten las ventanas, los relojes y cuál obra de Dalí
un arbol desnudo se burla....
de mi inconformismo, mi tos
y mi expresión mal usada de Monalisa.

"No sé si reir o llorar" .... ¿Qué más da?
Si no vierto mi pasión ni en la una ni en la otra.

Placeres, es lo que va quedando
el almíbar de lo espontáneo.
Un beso nocturno de regalo...
El inescrupuloso goce de los sentidos.

domingo, mayo 13


"Oh otoño estrepitoso, que te envuelves conmigo cada tarde

que despojas al camino de mis surcos

que me abres la pálida piel con rasguños de hielo

y me enfrías los dedos.. restándome sentido"


.... Fueron mis gritos envenenados de dolor y de ira, aquellos días en que no había una daga que con delicado filo flagelara mi entorpecido corazón. Aquellos días que enlutaron perpetuamente la cándida ilusión de la entrega inmortal ....


Ha cesado la detestable espera.


Me han sorprendido desistiendo.


sábado, abril 21

Pretexto

Si hubiese tenido un plan siquiera, para cuando llegara este momento...
Sé que he bañado tantos episodios ya, de malgastada melancolía
de derrochada nostalgia rota, que viene de la inercia, de lo inerte...
Y me pregunto constantemente
¿cómo luchan los hombres?
¿como aman los hombres?
¿cómo aceptan la prepotencia de la muerte?
¿cómo enfretan la ignorancia?
Cómo es que esto burdos, asesinos y ancianos hombres
han vivido la vida.
Pues, yo sigo, como si fuese un minucioso trabajo
que soy incapaz de abandonar,
cubriéndolo todo de angustias nostálgicas, melancólicas.
Sigo, tenazmente, preguntándome a solas en la noche
¿Cuál es ese plan, cuál es ese plan que nunca tuve?
¿Cuán cierto es el día que me muestran mis ojos en las mañanas?
Yo me imagino el mundo y a través de la imaginación lo exploro
cierro los ojos y me atrevo a todas esas cosas que siempre he querido hacer
me siento en una nube y salto de ella
almuerzo con mounstros obcenos con camisa
escribo sobre el sonido de una trompeta, mi risa
duermo en tus brazos al alero del universo y sus estrellas
habito el ala de un ave en medio de la tormenta más fría
y me absuelvo de todas mis culpas terribles corriendo desnuda
por montañas, valles y el mismisimo mar infiito....
Pero abro los ojos y ... ¡Vaya!
nada he resuelto, nada he planificado
un mundo infame por redescubrir
un alud de barro sobre mis sienes
y el odio de mis miedos confrontados a mis amores.
Las preguntas,
el sinsabor, el agraz
el momento que llega sangrando en dolor
y el nefasto pretexto de sentir, con este vacío,
lo que uno siente al morir.

lunes, diciembre 11


Son tantas y tan punzantes, terribles e inquisidoras las cosas que esta noche de insomnio quisiera escribir... que estas simples letras del teclado se vuelven pequeñas e insignificantes frente a mí, bajo mis dedos, débiles.
Me quedo con la garganta llena y con un nudo umbilical sin corte entre mis emociones y su expresión. Esta maldita pornografía de la conciencia. Me quedo, como siempre, contenida en mí misma, sin que nadie me vea, me descubra y me sacuda.
Ya no sé si son más irreales mis uñas doradas o mis ganas de secarme estrujada por tus dientes.
Esta madrugada me pierdo. Y una voz me advierte que no será la primera vez.

viernes, diciembre 1

Y camino...


Aquella, fue la última vez que cerré tu puerta.

Sabía, aunque nada me habías dicho, que los higos que comiamos juntos se secarían en el asfalto caliente de tu patio, se secarían en adelante sin jamás volver a deleitar nuestros paladares. En mi veloz retirada, de tu cama, de tus calles, recordé la frazada a cuadritos, los deseos locos de tocarnos, de descubrirnos a diario, era una aventura enamorarme al menos una vez al día de algo tuyo-mio que antes no había reparado en percibir.

Reviví, con un dejo de rabia hacia ti, aquella complicidad que nos caracterizaba. Eso de saber que había ciertas cosas que sólo tú entendías y que ahora tendría que suprimir de mi comportamiento, que había palabras que no podrían existir en otro diccionario que no fuese el nuestro. Olores, sabores y lugares tan impregnados por nuestra atmósfera que el más mínimo contacto con ellos, hoy, me dejaría sin aliento.

Pensé en el futuro arrebatado y perdido, ese que escribimos de mil colores, tan en el aire, tan efímero, tan cruel. Tan cruel que los hombres podamos soñar e inventar el futuro, imágenes, casas, viajes, besos. Porque no sólo sufrimos en el presente la falta de lo perdido, de un pasado que quisiesemos volviera, no es lo único que duele. Duele el futuro aplastado, incierto... vacío. Duele tener que rellenar tantas imágenes en que ahora faltas.

Sabía que te irías. Sabía que me iría. Pero nunca pensé que aquella mañana cerraría tu puerta por última vez. Habría lamentado más el sonido de mis pasos alejándose de tu ventana, habría dejado un besos más hondo en tus labios, habría dejado mi marca más profunda en tu alma.

Pero caminé, cotidiana, recordándote, reviviéndote, pensándote, como solía hacerlo todas las veces que tras tu puerta te quedabas, dulce, soñando conmigo.

miércoles, noviembre 1

Sensación de incompleto....

De pronto me invade el miedo
pánico caminar por las veredas
que mis pasos no se acerquen a árboles ni flores
que mis pasos, finalmente, no lleguen a ninguna parte
y me pase la vida dando vueltas en círculos
que me pase la vida con la nostalgia del todo
a la espera de nadie, de nada.
Qué miedo tengo
me tiemblan las rodillas, me tirita el mentón
deseo cubrirme hasta la cara bajo mis frazadas
apretar los ojos y los dientes
creer que al fin soy irreal y eterna e indisoluble.
Tengo miedo
de que el mundo, con todos sus temblores
sus rotaciones,
océanos
valles
puertos
montañas
no me parezca más que un espejo quebrado
angustiante y rígido
sombrío, sofocado.
El miedo de que estas letras
sean tan sólo un cúmulo de adjetivos, intangibles
vestigios de algún lugar
en donde no existieron sino anidados en tus pupilas
en tu silencio
que colmaba todos mis espacios
...
...

sábado, octubre 21

Ahí estaba sentada
sus ojos húmedos, ya pequeños
sus labios apretados impidiendo el arrebato de palabras imperecederas
por haber sido víctima de aquella historia,
de una pala y un hombre que emprendía camino cada mañana
que se entremezclaba en ecos lejanos, sinuosos...
de una pala y un hombre que regresaba
pálido
arrepentido
desgarrado
Se le veía
en el pasar de las horas, de mediodía a medianoche
cavar minuciosamente en la tierra
con su pala, el hombre
entre cantos, silbidos
y gritos horrendos
de entrañas ardientes y carcomidas.
Perpetua en la ventana
su paralizada figura
femenina
falta de nitidez, semi desvanecida
como bruma
niebla
como seguramente luce el infinito
a la luz de la muerte.
Y fue el silencio el único sobreviviente de aquella historia
que concluyó
en la disipación de los ecos
en el absurdo
de un hombre
que arrojaba su inerte cuerpo
al que había sido objeto de su dedicada excavación...
El fin
se escribia en la ventana
en los pequeños ojos de una mujer
aniquilada
por el absurdo de un hombre
que había cavado su propia tumba.

martes, octubre 10

Evolución... jaja...



Tú...
Yo... queriéndote.

domingo, octubre 1

Me detengo. Lluevo.


“Mátame” te dije y tu respuesta no fue otra que esa cara de extranjero que solías poner ante las cosas que te causaban indeferencia. Y es que no fuiste capaz de comprender que yo no podía morir en otros que no fueran tus brazos, aunque cientos de otros brazos en el mundo me sostuvieran de la forma más dulce y más perfecta, la última imagen que hubiese querido ver al abandonar este patético e inhóspito mundo –ahora sin ti- era la tuya.

Mi presencia entera, medianamente armónica se ha transformado en una falacia, en una efigie original sin precedente que se refleja en lo demás y se empapa de aquello. Todo por la falta de sorpresas, de ironías que cualquiera fuese su contenido terminaban por convertir todos los tiempos en uno –pasado, presente y futuro- en el desborde del corazón que de lleno se quejaba, que te contenía, te extrañaba y de vez en cuando te buscaba en la esquina del mundo desgastado, en esos lugares costosos en donde siempre que pasas dejas algo valioso desconociendo que jamás te será devuelto. “Jamás me fue devuelto” … desde mis pies el escalofrío que ha de recordarme mis culpas, mi cadena perpetua por el crimen de pactar ilícitamente una infinidad de joyas a cambio de piedras y rocas.

Entre lo literal y lo metafórico, escribo y mis manos angustiosas me cubren de vez en cuando la cara quizás por la vergüenza atroz de haber permanecido viva aún hasta hoy después de haber perdido aquella muerte, aquella muerte de sonrisas precedida por varios episodios perdonados, llorados, en los que nunca pude amarte menos. Por la vergüenza atroz de amarte un poco más de lo que tú, el orgullo y el tiempo me han permitido.

Pese y sobre todo lo anterior, sobre mi misma y mi ánimo de besarte o morderte los hombros, despertar contigo, despeinarte, susurrarte cualquier cosa sin importancia, llorar y llorarte… desprecio cada paso que das que en lo concreto no escapan de tu inestabilidad, tu cara de amarme al tiempo que mentías, tu cara de mentirme al tiempo que amabas, tu cara de mañanas, de tardes, de noches. Desprecio nuestras bromas, nuestras cervezas y caminatas bajo la lluvia, nuestras desventuras, gritos y reconciliaciones, nuestras conversaciones profundas y superficiales, abrazados, alejados, conectados por los azares, las estrellas, tu necesidad, mi amor.

Y así es. Así debió ser. No es más que la cadena alimenticia y sus jerarquías. Vivo, porque no escuchaste. Vivo, porque espero tu golpe certero que tarde o temprano ha de proporcionarme el final feliz. Ese que estipulamos, soñamos y nos prometimos.
Perdón por descubrirme y caer.

martes, septiembre 19

Es hoy.


Un peligro inminente me roza los dedos
distraída, rehuyo de aquel dolor adictivo
rehuyo del sonido de tus pasos cada vez más ténues
ligeros, profundos, moribundos.
Y es que ibas y venías con locos anhelos
con el sin sentido de la vida y el mundo en el bolsillo
Ahora, soy quien reniega del egocentrismo
de la enajenación, de los árboles .. tu pasar cantante, sutil.
Las eternidades, los infinitos, los ocasos,
me parecen asunto de niño malcriado, de niña malcriada
y sé, pronto, que las cosas no empiezan en uno mismo
no somos dueños de límites ni fronteras
menos de la palabra magna, menos de aquella palabra.
Las cosas no empiezan en uno mismo
más bien se envuelven en las siluetas, en los pantanos, en los océanos ..
en los malditos océanos.
Me amenaza la garganta y las entrañas
éste que me roza los dedos.
Y creo malinterpretar todas las señales de humo de mis ancestros
sobre todo porque desaparezco, me desvanezco,
me derrito y mi imagen se asemeja a aquellos charcos que inundan la capital en días de lluvia
Y creo malinterpretar cualquier escrito de origen egipcio -quién sabe-
en el que antes descifraba tus labios posados en mis múltiples mundos.
El peligro de vivir ciertas mañanas, tibias
y que en el pasar de las horas vaya perdiendo el aliento
para morir presa de la noche, fría.
El peligro de degollarme con las cuerdas de una guitarra
mientras tu voz se pierde en el silencio de todas las palabras juntas y condensadas.
Y su abrazo me provoca la más sincera de mis muertes
la única que ha podido escapar tanto de la lástima como de los aplausos
opacando al cinismo que se instala sucediendo nuestro fin.
El peligro de que esta vez las cosas comiencen en mi misma
de no saber cuándo debo sobrepasar el roce de los dedos
para sucumbir finalmente -y como siempre, y como nunca-
en el aliento de ese beso .. tan nuestro.
¿Me quedo?

sábado, agosto 19

Sin prisa...


Sobre mi epitafio clavo palabras
Ácidas, agrias, como ese cáliz que impuso mi fin
Fui pasión, impulsos rojos, furiosos
Fui fortaleza, alegría, amor por todo.
Y por más que traté no pude entender
Por qué lo más infinito terminó por envenenarme
Por qué me cansé de sentir, de sentir para nadie, para nada.

Ardieron mis manos,
Y se materializaron en frente de mis ojos, burlándose
Todos mis miedos y fobias
Todos los temores y caídas que no se cumplirían
Se posaron ante mí, sobre mí.

No recuerdo si regalé o perdí mis cosas
Maldita memoria, maldito pasado
Qué esquivos transitan hoy por mis pestañeos
Parece cómo si nunca hubiese nacido,
Cómo si nunca hubiese besado,
Nunca… nunca desperté acompañada en las mañanas
Siempre he estado a la deriva, con mis breves estados de sueño prolongado.

He estado quieta, sentada y muerta
Por más de mil infinitos años
Desde que caí del cielo, de mi cuna nubosa
Ni la belleza ni el júbilo han decorado mis días

Llevo la marca del que ama sin consuelo
El sabor del insípido veneno
La pasión derramada en etéreos pasos
El perdón que no tuve, que no di
Pero nadie lo puede ver,
Nadie me ve.

Sobre mi epitafio derramo lágrimas
Que no alcanzan a caer,
Se diluyen,
En todo lo que soy, en todo lo que fui.

martes, julio 11


¿Era ésta la sensación?
A tropiezos y pateaduras
piedras, rocas, hoyos
el pecho atosigado, respiros lentos
y esos gritos de derrota
esa cobardía que la muerte nos trae
con una sonrisa
con una negra sonrisa.
Yo nada veía
todos estaban allí
Yo nada escuchaba
todos hablaban, cantaban.
Amortajada me sentía...
Y escuché tu voz...
entre todas, escuché tu voz,
tu tierna y profunda voz
y tus palabras azucaradas se acomodaron en mis expuestas heridas,
tus letras convertidas en pañuelos secaron todas mis lágrimas.
Y miré tus ojos...
entre todos, miré sólo tus ojos,
tus cristalinos, marítimos ojos
y supe que sólo en ellos deseaba reflejarme
ellos, mis aguaceros, la cuna de mis esperanzas...
¿Era ésta la sensación?
De perderme en el lenguaje buscando lo que siento
cuando te pienso,
cuando te sueño,
de sumergir mi ser en los recuerdos, las palabras
y no saber qué pronunciar
qué palabras hilar
no saber qué nombre tienen todos éstos
que hoy están dentro mio...
que me tienen sonriente...
todos éstos que con una sonrisa grabaste en mi...
que me tienes sonriente...
Y nada fue cierto antes de esto
nada fue cierto antes de tu abrazo...
nada fue cierto hasta que abrí mis ojos y te ví
¿Era ésta la sensación?
De nacer en ti, por ti, contigo...
De saber que cada vez que apareces es nuevo, onírico y cierto...
Sentir que a aquella que creí tan esquiva, conozco...
su olor, sabor, apariencia, textura y melodía
¿Era ésta la sensación?
De volar en las letras y el sonido de tu nombre
lo único cierto...
tu nombre que destapó a la embustera muerte
que puso el regalo que es la vida ante mis ojos...
Tu nombre
que no me canso de pronunciar...de extrañar...
¿Era ésta la sensación?
¿Habría podido yo soñarla si quiera?
Por eso no me importa, si es comienzo, si es puente, si es fin...
porque es más que todo lo que pude soñar....
Mientras estés...y si te vas....
eres y serás...
como lo eterno del polvo cósmico.

viernes, junio 23

Salí de mi casa sin pensar hacia dónde iría. Un frío denso provocaba que el vapor saliera por mi boca. Entre tanto observar mi respirar, me dieron ganas de fumar. Los pulmones hacían su trabajo mientras yo seguía en mi ya habitual relación con la realidad, con las cosas del mundo, esa relación en que yo soy la más extraña y ajena de todas, en que mi interacción con palabras y actos es sólo el reflejo, lo que los demás pueden ver, pero de lo que yo soy incapaz de sentir.
Una hora bajo mis pies y ya estaba dentro del bus. Dormí, o al menos pensé que lo hacía. "Me aterra estar sola, me gusta sentir ese terror". Sin zapatos caminé por la arena, perdí el reloj un poco a propósito, así como una niña, cavé un hoyo y lo metí esperando quizás que el tiempo pudiera quedar sumergido, para que nadie supiera que yo ya no estaba, para que nadie me buscara. Me metí tres pastillas a la boca y con agua de mar me las tragué. Subí unas rocas a pesar de mis torpes pies, caí sobre una, y la sangre corrió por mis labios. Ahí estaba él, mirándome, no, más que eso, acariciándome con sus ojos. "Me volví loca". Y amé nuestra locura, nuestras caricias y besé nuestras lágrimas. Sentí el calor entre sus brazos y el amor entre sus letras, sentí su corazón palpitando en mi pecho, fuerte, casi violento. Y oí sus risas y lloré un poco, lloré porque hace días no oía sus risas. De la mano, caminamos. Olvidé el reloj perdido, la boca herida, los pies destrozados y las tres pastillas. Yo sabía que él jamás me diría la verdad, él sabía que en el fondo yo no quería saberla. Al fin y al cabo ¿Qué verdad puede ser más importante que oir su silencio que ahogarme en su respiración?.
Le conté mis historias, mis interminables historias actuadas casi por el tono de mi voz, por los movimientos de mi cuerpo y noté cómo le habían hecho falta, las ganas que tenía de escuchar mi voz, de ser parte de mi vida, de mis pequeñas aventuras. De pronto, me abrazó, me abrazó tan fuerte que sentí que mis huesos crujían, sentí que la intensidad del abrazo iba proporcionalmente ascendiendo con la amargura de éste. Más intenso y más amargo y más débiles mis huesos. El sabor de la sangre fría y casi putrefacta en mi boca, mi cuerpo húmedo, azul, sobre una roca. Un susurro lejano y tuyo retumbaba por dentro : "Ya no te amo".

lunes, mayo 22

"Vergüenza literaria" por donde se le mire..jaja...


¿Me notas exaltada y fría?
¿Preocupada?¿Temerosa?
Es que no hay ni ha habido...
no hay ni ha existido histora más angustiosa que la que se queda atrapada entre la garganta y la neurona
Yo te quiero mío
atrapado entre mis dedos
cautivado por mis risas y mi voz....
Yo te quiero mío
desde el nudo de tu ombligo-desconocido-
hasta el roce de tu miel en mi sudor
Adelantemos los pasos, el reloj
olvidemos el pudor de las pieles sonrrojadas.
No me importan...el precipicio...el dolor
si puedo dejar de imaginarte
y tocarte
y tocarte...
No quisiera ser burla del olvido
no debo ser nostalgia de recuerdo
¿Me notas exaltada y fría?
¿Preocupada?¿Temerosa?
Y es que no encuentro en mis letras tu tinta
para empezar a escribir nuestra historia.
Yo te quiero mío.

jueves, mayo 18

Algo suena aquí dentro


Parece como si la ficción se hubiese colado por mis manos pintadas,
manchadas,
No quedó en la memoria ni en el olvido el como sucedió,
nunca se supo.
Como si hubiese empezado a caminar en las puntas de mis dedos
para sentirme más grande.
Como si me hubiesen cantado en el oído lo que nunca recité,
recorrió mi cuerpo un escalofrío
un dolor hirviente
y se desvaneció....como vela, quedó apagado y derretido
ni en el suelo ni en ningún lugar real...
todo ficticio, todo onírico.
No tuve tiempo de despertar, de lavarme la cara y sonreír.
Menos tiempo de llorar,
no hay sincronía.. cronología... tic tac...
Nadie anuncia, nadie ve....
el mundo dejó de sentir.
La luz en el rostro, pupila dilatada, nariz helada, risa nerviosa
Se mezclo el suplicio y la alegría
el mundo dejó de mirar.
Se mezcló el suplicio y la alegría
el mundo como vela...se apagó.
Nada ha comenzado, nada tiene que acabar.