sábado, agosto 19

Sin prisa...


Sobre mi epitafio clavo palabras
Ácidas, agrias, como ese cáliz que impuso mi fin
Fui pasión, impulsos rojos, furiosos
Fui fortaleza, alegría, amor por todo.
Y por más que traté no pude entender
Por qué lo más infinito terminó por envenenarme
Por qué me cansé de sentir, de sentir para nadie, para nada.

Ardieron mis manos,
Y se materializaron en frente de mis ojos, burlándose
Todos mis miedos y fobias
Todos los temores y caídas que no se cumplirían
Se posaron ante mí, sobre mí.

No recuerdo si regalé o perdí mis cosas
Maldita memoria, maldito pasado
Qué esquivos transitan hoy por mis pestañeos
Parece cómo si nunca hubiese nacido,
Cómo si nunca hubiese besado,
Nunca… nunca desperté acompañada en las mañanas
Siempre he estado a la deriva, con mis breves estados de sueño prolongado.

He estado quieta, sentada y muerta
Por más de mil infinitos años
Desde que caí del cielo, de mi cuna nubosa
Ni la belleza ni el júbilo han decorado mis días

Llevo la marca del que ama sin consuelo
El sabor del insípido veneno
La pasión derramada en etéreos pasos
El perdón que no tuve, que no di
Pero nadie lo puede ver,
Nadie me ve.

Sobre mi epitafio derramo lágrimas
Que no alcanzan a caer,
Se diluyen,
En todo lo que soy, en todo lo que fui.

martes, julio 11


¿Era ésta la sensación?
A tropiezos y pateaduras
piedras, rocas, hoyos
el pecho atosigado, respiros lentos
y esos gritos de derrota
esa cobardía que la muerte nos trae
con una sonrisa
con una negra sonrisa.
Yo nada veía
todos estaban allí
Yo nada escuchaba
todos hablaban, cantaban.
Amortajada me sentía...
Y escuché tu voz...
entre todas, escuché tu voz,
tu tierna y profunda voz
y tus palabras azucaradas se acomodaron en mis expuestas heridas,
tus letras convertidas en pañuelos secaron todas mis lágrimas.
Y miré tus ojos...
entre todos, miré sólo tus ojos,
tus cristalinos, marítimos ojos
y supe que sólo en ellos deseaba reflejarme
ellos, mis aguaceros, la cuna de mis esperanzas...
¿Era ésta la sensación?
De perderme en el lenguaje buscando lo que siento
cuando te pienso,
cuando te sueño,
de sumergir mi ser en los recuerdos, las palabras
y no saber qué pronunciar
qué palabras hilar
no saber qué nombre tienen todos éstos
que hoy están dentro mio...
que me tienen sonriente...
todos éstos que con una sonrisa grabaste en mi...
que me tienes sonriente...
Y nada fue cierto antes de esto
nada fue cierto antes de tu abrazo...
nada fue cierto hasta que abrí mis ojos y te ví
¿Era ésta la sensación?
De nacer en ti, por ti, contigo...
De saber que cada vez que apareces es nuevo, onírico y cierto...
Sentir que a aquella que creí tan esquiva, conozco...
su olor, sabor, apariencia, textura y melodía
¿Era ésta la sensación?
De volar en las letras y el sonido de tu nombre
lo único cierto...
tu nombre que destapó a la embustera muerte
que puso el regalo que es la vida ante mis ojos...
Tu nombre
que no me canso de pronunciar...de extrañar...
¿Era ésta la sensación?
¿Habría podido yo soñarla si quiera?
Por eso no me importa, si es comienzo, si es puente, si es fin...
porque es más que todo lo que pude soñar....
Mientras estés...y si te vas....
eres y serás...
como lo eterno del polvo cósmico.

viernes, junio 23

Salí de mi casa sin pensar hacia dónde iría. Un frío denso provocaba que el vapor saliera por mi boca. Entre tanto observar mi respirar, me dieron ganas de fumar. Los pulmones hacían su trabajo mientras yo seguía en mi ya habitual relación con la realidad, con las cosas del mundo, esa relación en que yo soy la más extraña y ajena de todas, en que mi interacción con palabras y actos es sólo el reflejo, lo que los demás pueden ver, pero de lo que yo soy incapaz de sentir.
Una hora bajo mis pies y ya estaba dentro del bus. Dormí, o al menos pensé que lo hacía. "Me aterra estar sola, me gusta sentir ese terror". Sin zapatos caminé por la arena, perdí el reloj un poco a propósito, así como una niña, cavé un hoyo y lo metí esperando quizás que el tiempo pudiera quedar sumergido, para que nadie supiera que yo ya no estaba, para que nadie me buscara. Me metí tres pastillas a la boca y con agua de mar me las tragué. Subí unas rocas a pesar de mis torpes pies, caí sobre una, y la sangre corrió por mis labios. Ahí estaba él, mirándome, no, más que eso, acariciándome con sus ojos. "Me volví loca". Y amé nuestra locura, nuestras caricias y besé nuestras lágrimas. Sentí el calor entre sus brazos y el amor entre sus letras, sentí su corazón palpitando en mi pecho, fuerte, casi violento. Y oí sus risas y lloré un poco, lloré porque hace días no oía sus risas. De la mano, caminamos. Olvidé el reloj perdido, la boca herida, los pies destrozados y las tres pastillas. Yo sabía que él jamás me diría la verdad, él sabía que en el fondo yo no quería saberla. Al fin y al cabo ¿Qué verdad puede ser más importante que oir su silencio que ahogarme en su respiración?.
Le conté mis historias, mis interminables historias actuadas casi por el tono de mi voz, por los movimientos de mi cuerpo y noté cómo le habían hecho falta, las ganas que tenía de escuchar mi voz, de ser parte de mi vida, de mis pequeñas aventuras. De pronto, me abrazó, me abrazó tan fuerte que sentí que mis huesos crujían, sentí que la intensidad del abrazo iba proporcionalmente ascendiendo con la amargura de éste. Más intenso y más amargo y más débiles mis huesos. El sabor de la sangre fría y casi putrefacta en mi boca, mi cuerpo húmedo, azul, sobre una roca. Un susurro lejano y tuyo retumbaba por dentro : "Ya no te amo".